Apr 01 2010

¿Podemos ser felices?

Publicado por: at 21:04 Categoría General

El otro día volviendo del trabajo, en el coche, iba escuchando la radio. Como eran más o menos las cinco de la tarde había uno de esos programas en los que la conductora, en este caso, del programa tiene un invitado que ha escrito un libro, publicado un ensayo, lanzado un disco a la venta o algo así. Esa clase de programas en los que al invitado se le pregunta acerca de su nuevo trabajo.

En esta ocasión el invitado había escrito un libro, un libro. No me enteré mucho porque iba conduciendo y, claro, no se puede estar a todo.

El caso es que el autor parece ser que es psicólogo y comentaba un tema que me interesó mucho en ese momento. El tema rondaba acerca de la capacidad del ser humano para ser felices.

Su razonamiento venía a ser algo así como que el ser humano, vamos, lo que se viene llamando erróneamente “la persona humana”, ¡qué gran calificativo!, jeje, tiene una capacidad limitada para ser feliz. El ser humano es un animal cuya naturaleza es la de sobrevivir. Su naturaleza es ir de caza para alimentarse, procrear, evitar ser comida de otros depredadores e intentar sobrevivir día a día, poco más.

Pero claro, eso era hace un montón de miles de años. Ahora resulta que la vida se nos ha complicado un montón. Es más, queriendo hacer que la vida sea más fácil y placentera resulta que nos la hemos complicado. Ahora tenemos tantas opciones para ser felices que puede ser que no acertemos a elegir una que nos haga felices. Puede ocurrir que veamos un crisol de oportunidades para ser más felices y por nuestras circunstancias no podamos elegir una de ellas porque no está a nuestro alcance. ¿Qué tenemos entonces? Pues entonces tenemos tantas posibilidades de frustración como número de posibilidades había de oportunidades para ser más felices. No estamos hechos para otra cosa que para la subsistencia y supervivencia.

Bueno, eso es un punto de vista un poco radical, no todo es así. Sí podemos ser felices, cerrad la ventana y volved al ordenador a leerme, ya os tiraréis otro día y por otros motivos, no me jodáis.

En occidente, los que nos creemos los maestros de todo y grandes gurúes de la felicidad y el éxito, creemos que la felicidad se consigue a base de ser más, tener más, poder más. Eso es lo que se nos ha enseñado desde pequeños. Nos han entrenado como a monitos de feria para que seamos parte de una sociedad de consumo, una sociedad altamente competitiva, una supervivencia diaria. Uno lucha hasta encontrar trabajo, luego pelea para prosperar en el trabajo. Si el trabajo se nos queda pequeño intentamos saltar a otro trabajo que cope nuestras aspiraciones, normalmente en cuanto a la economía se refiere. Cuanto más tenemos más solemos gastar y más “necesidades” tenemos que antes ni siquiera sabíamos que existían. Pero no paramos ahí, entonces queremos más, más dinero, mejor posición, mejor trabajo, un mejor coche, un mejor y más todo.

Es como un tornillo sinfín, no hay manera de bajarse de ese tren en el que nos hemos montado creyendo que nos llevaría al éxito y ahora no sabemos si tiene paradas o es un tren de alta velocidad que va directo a la locura.

Claro, así vienen luego las ansiedades, las depresiones, la infertilidad y otras muchas enfermedades asociadas al estrés y la competitividad mal entendida.

No sé si habéis leído alguna vez el poema “Ítaca” de Constantino Cavafis. Me lo enseño un tío paterno mío y nunca tendré tiempo de agradecérselo bastante. Por mucho que yo tampoco haya entendido correctamente lo que el poema promulga y a veces sea preso de esa carrera por el “más”.

Lo bonito de la vida es disfrutar del camino de vivir. Cuanto más estemos inmersos en esa carrera por el “más” nos dejaremos más cosas por el camino, experiencias, sentimientos, todo.

Hay culturas que nos dan sopas con hondas a la hora de llevar unas vidas más ajustadas a las realidades de cada uno. Mientras que en España hay familias que piden créditos personales para pagar unas vacaciones, algo completamente fuera de toda lógica, en Oriente son expertos en tomar la tranquilidad como ley de vida. Y diréis, claro, Japón es Oriente y míralos… Bueno, eso es un ejemplo de cómo hay que intentar aprender a adaptarse a los cambios.

El ser humano tiene que aprender a adaptarse a esta realidad con tantas posibilidades de ser felices sin volverse loco en el intento y sin caer en la frustración cada vez que no consigue un logro o algo que le proporcione, o crea que le proporcione, felicidad.

Yo, en un viaje a Turquía, me pregunté: “¿Cómo puede ser que esta gente, que come caliente una vez al día, que tienen trabajos donde no se gana apenas dinero, parezca que son tan felices?”

Les veía en los cafés, con su té, con su backgamon, hablando, riendo, comentando el paso de la vida… alegrándose de ver turistas y viniendo a conocer de ti, de tu lugar de origen, de tus costumbres. Nada de venir a ver si les das una propina… qué estúpidos somos, creer que por ser turistas todo el mundo quiere una propina de nosotros. Deberíamos ser nosotros quienes les mendigáramos una propina de su filosofía de vida. Pedirles que nos dieran unas monedas de tranquilidad, algún espejo donde reflejar la felicidad y, quizás, una foto juntos, esa foto donde nosotros forzamos una sonrisa para volver a los días y pasarle por la cara a algún allegado lo bien que nos lo hemos pasado. Esa sonrisa que turcos, tailandeses, vietnamitas, árabes y otros tienen sin forzarla.

Siempre vivimos pendientes del reloj, de lo que “hay que hacer”, de lo que haremos después, otro día, la semana siguiente, y mientras tanto nos dejamos los días. Se escurren como el agua entre nuestros dedos.

Por eso es importante el saber unas cuantas cosas que yo no sé si las sé o no, pero me gustaría saberlas:

  • Saber levantarse y, por muy jodido que sea el sonido del despertador, intentar que no nos duela demasiado.
  • Saber acabar el día de trabajo y dejar todas las preocupaciones en la oficina. Al salir sólo hay que preocuparse de lo que a uno verdaderamente le interesa.
  • Saber que todos tenemos nuestros límites y no es malo. No somos robots ni estamos montados en cadena. Seguramente sería muy feliz si pudiera comprarme un coche de gama alta, pero no puedo. No tengo un trabajo que me de tanto dinero y no quiero que las deudas me coman, por lo tanto, no hay coche de gama alta para mí. Seguramente sería más feliz si pudiera hablar con gente de todo el mundo en sus lenguas y poder comunicarme con cualquiera pero no puedo. De momento sólo me defiendo en castellano e inglés, chapurreo catalán y me queda mucho por aprender de francés y alemán para no seguir dándole patadas al diccionario. Pero no pasa nada, podré ir aprendiendo poco a poco, y aún así no lograría hablar más de cinco o diez idiomas. No me atormenta.
  • Saber que somos afortunados de no tener que salir a cazar nuestra comida y luchar por nuestra propia vida, que eso ya son preocupaciones que como animales no tenemos. Es por ello que debemos dedicar esa tranquilidad a saber dónde está nuestro lugar en el mundo y si no lo hemos encontrado aún, buscarlo.

Parece ser, porque yo aún no lo domino, que cuando uno comienza a dejar de preocuparse por estas cosas y deja de intentar vivir la vida de otros o la vida que simula tener que vivir uno llega a ser, casi sin quererlo, más feliz.

¿Complicadito, verdad?

Bueno, luego aparqué mi viejo pero aún digno coche en mi calle modesta, apagué la radio de serie que lleva el coche y marché a mi casa. Casa de barrio normal donde me esperaba mi vida. ¡Esa sí que es grande! ¡Esa sí que me hace feliz!

Saludos / José D.

6 Respuestas hasta el momento

6 Respuestas hasta el momento to “¿Podemos ser felices?”

  1. Monique says:

    Hola Jose

    Nada mas leer la pregunta que da título a este post la única respuesta que me viene a la cabeza es Sí, desde luego que podemos ser felices.
    Como todo en la vida solo es cuestíon de proponérselo. Pero claro, es una opción tan personal que supongo que cada uno tiene su propia opinión sobre lo que es “felicidad”.

    Lo importante es no perderle la pista e írtela encontrando de vez en cuando, aunque generalmente sea ella la que te encuentre a ti.

    Saludos!

  2. José D. says:

    Hola Moniquen,

    Pues fíjate, yo no creo que seamos tan “capaces” de ser felices. Depende mucho de la vida que te haya tocado llevar. Hay cada mierda de vida por ahí de gente que, para colmo, no puede cambiarla. Esto es un poco como una ruleta, al que le toca una vida cómoda que la disfrute y el que tenga una vida sin comodidades que luche.

    Supongo que también es un poco un tema de expectativas, de amoldar lo que esperas de la vida a tu realidad vital.

    Un saludo / José D.

  3. coralain says:

    pues josé que quieres que te diga, hoy en dia el que no es feliz, es porque no quiere.
    hay miles de cosas en esta vida que merecen la pena, eso si, claro, si eres alguien que lo unico que quiere es ir de victima por la vida, y de martil, adelante, tirate por el primer valcón o la primera via que puedas.
    ser feliz no consiste en tener cosas, en consumir, en ser alquien…ser Feliz sin duda es hacerte valer por la persona que realmente se es, disfrutando a tope, viviendo y haciendo lo que uno realmente es y como es, pero ante todo es SER HONESTO CON UNO MISMO, Y SER COMO UNO ES….DEJANDO LAS MASCARAS .
    en fin que si realmente se quiere ser feliz, uno lo es,

  4. José D. says:

    Hola Coralain,

    Gracias por comentar. En parte tienes razón, pero vamos, que yo no me he inventado el razonamiento, lo escuché de un psicólogo que lo argumentaba con absoluta coherencia. Está muy bien que creamos que todos tenemos un potencial de felicidad enorme pero, lamentablemente, eso no es así. Es así en todas aquellas personas que tienen cubiertas las necesidades básicas, por ejemplo, el comer caliente cada día, el no necesitar sobrevivir a poder morir en cualquier momento en países complicados, el que está sano. Los que no tienen esa suerte difícilmente converjerán en tu razonamiento. Pero, reitero, tienes razón, en parte.

    Otra cosa es que quienes tengamos todo lo necesario para ser felices no sepamos aprovecharlo, que también lo hay.

    Saludos / José D.

  5. Carmen Griseth says:

    Muy interesante el argumento que has escuchado del psicologo en tu camino de retorno a casa luego de una intensa jornada laboral. Aunque no estés muy convencido por las circunstancias que te hayan tocado vivir, te puedo decir con propiedad que la vida se hizo para que fueramos felices, sólo que a veces es necesario sufrir o conocer el sufrimiento para aprender a valorar realmente la felicidad.

    Muy bien lo decía Tolstoi: “LA FELICIDAD NO ESTÁ EN HACER LO QUE UNO QUIERE, SINO EN QUERER (AMAR) LO QUE UNO HACE”.

    Un buen amigo que ya ha partido de este plano terrenal me enseñó que no eran los sueños materiales los que hacían felices a los hombres, sino más bien los sueños espirituales los que nutren su alma y les permitían vivir felizmente su vida, ya que a la final, lo único que te llevarás cuando te desprendas de la existencia son los momentos y las experiencias que te brindaron felicidad.

    Saludos cordiales desde tu tierra de adopción!

    Carmen Griseth

  6. José D. says:

    Hola Carmen,

    Bueno, dicho en un plan algo más metafísico quizás si sea como nos cuentas. Pero vamos, en este caso la explicación estaba totalmente desprovista del toque metafísico. Pero… muy bien complementado.

    Saludos / José D.

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