Mar 07 2010
¿En qué clase de sociedad vivo?
¿En qué clase de sociedad vivo?
Últimamente me he entretenido mucho viendo un programa de televisión, de la cadena Cuatro, se llama “Hermano Mayor”.
Este programa lo presenta un otrora jugador de waterpolo que ebrio de éxito y parabienes superficiales prefirió dejarse seducir por las drogas y el alcohol. Nadando entre esas aguas llenas de rápidos y cascadas con caída libre e ineludible a la cárcel o la muerte. Pedro García Aguado pudo mendigar una ayuda que le valió la rehabilitación y el salir, con más o menos heridas de guerra, de ese mundo de ríos de alcohol solamente contenidos por presas hechas a base del hormigón de las drogas. Otros no han tenido tanta suerte.
En el programa se dedica a intentar encarrilar a mozuelos que no aceptan la autoridad de sus padres, majetes que flirtean con las drogas y el alcohol, mancebitos que si alguien no les para, y sus padres ya no son dueños de la situación, acabarán en los mismos ríos que el presentador tuvo que nadar en su momento.
Pero no es el único programa de televisión que trata sobre re-educación. En la misma cadena también existe otro que lo presenta Rocío Ramos-Paúl, psicóloga.
Ella se enfrenta a esos pequeños dictadores que son los hijos pequeños malcriados. Esos que son capaces de poner en jaque toda una vida familiar y, lo que es peor, la relación de amor entre sus padres.
Otro programa diferente, y ahora no sé decir si es de la misma cadena, trata de, con ayuda de profesionales, enseñar a diversas familias a llevar las cuentas de la casa sin que las facturas se atrincheren en el salón y les haga irse a vivir al pozo de la miseria y mendicidad.
Está claro que las televisiones emiten lo que el público quiere ver y esto me llama la atención. Vivimos en una sociedad que necesita de profesionales que nos enseñen a educar a un niño pequeño. Niño pequeño que luego, cuando crece y entra en la pubertad, necesita también que lo encarrilen mediante más profesionales. Para colmo esa familia no sólo se enfrenta a los problemas inherentes a la educación de un hijo sino que mientras tanto no acierta a decidir cuáles son las facturas que se pagan este mes y cuáles se han de posponer al siguiente mes.
No creo que pudiera acertar a saber las causas que llevan a nuestra sociedad a no saber criar hijos, a no poder controlar jóvenes y a no saber llevar las riendas de una casa. Se antoja tarea muy complicada y llena de matices.
Levantarse cada día para ir al trabajo. Aguantar ocho horas un trabajo que o bien a uno no le satisface o no desarrolla su potencial, que así son la mayoría de los trabajos. Benditos aquellos que trabajan en lo que le gusta y se sienten bien remunerados, tanto en el sueldo como en el desarrollo profesional, que también los hay.
Estar rodeados durante esas ocho horas de una casta directiva obsesionada con perseguir sus objetivos y cobrar sus bonos, aún en empresas deficitarias. Directivos que aún piensan que tener una bandeja de entrada con dos mil emails sin leer es indicativo de estar muy atareado y ser muy activo. Error, no leer dos mil emails significa eso solamente, que no los has leído, obvio, si no estuviérais copiados en mil listas de distribución sólo por aparecer “en la foto” no os pasaría, cafres.
Directivos que mandan a lacayos con órdenes para cumplir que saben que esos lacayos no cuestionarán porque el sentido crítico no lo tienen desarrollado gracias a la autocomplacencia y el servilismo del que hacen gala.
Con estos ambientes laborales, aquellos en los que cada dos por tres la empresa tiene que personarse en juicios laborales, aquellos en los que parte de los empleados comienzan tratamientos psicológicos por estrés, ansiedad o depresión, aquellos que se agarraron a ese cheque en blanco que han sido los ERE’s en este país como a un clavo ardiendo, aquellos que se supusieron se quedarían sólo los mejores trabajando en las empresas después de esas cribas, aquellos que hacen que al llegar a casa sólo se tengan ganas de una cosa: desaparecer.
Claro, en ese ambiente, educar a un hijo pequeño es poco más que algo titánico. La transferencia de valores es algo para lo que se debe estar muy atento y con la mente bien abierta.
Luego, ese hijo se hace adolescente y joder, es difícil ser adolescente. Tus padres sólo te putean y te chantajean emocionalmente diciéndote que todo lo que ellos te putean es “por tu bien”. Que pena que sea la treintena, al menos en mi caso, la que te hace ver que los muy “jodíos” tenían razón y sólo contaban la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad.
En esa adolescencia difícil, uno, inmerso en la niebla de la ignorancia, no es capaz de dilucidar qué es lo correcto y mucho menos acierta a elegir siempre el buen camino. Excepciones aparte.
Esos jóvenes que no han sabido o no han podido ser niños y que la película se les ha complicado al ser adolescentes luego se enfrentan a ser ellos los que llevan una familia. Harto estoy de pasear por la calle y ver chicos y chicas extremadamente jóvenes, que no aciertan a saber cómo limpiarse el culo, en las placitas. Con una mano mecen el carrito que les habrán comprado sus padres para el nieto siempre bienvenido y con la otra o bien sujetan la jaulita de su canario cantarín que exhiben por las plazas o bien hacen pequeños trapicheos a la vista de todos. Esos que su vocabulario no se extiende más allá de la centena de palabras. Esa existencia abreviada cual SMS para no tener que escribirlo todo, para no tener que decirlo todo, para no tener que explicarlo todo, para no tener que responsabilizarse de todo. ¿Es que en su vocabulario no estaba la palabra “anticoncepción”?
Son estas familias luego las que no tienen trabajo, no tienen estudios y, por ende, no tienen dinero para poder llevar la familia. Eso sí, en la puerta un coche “tuneado”, el último móvil en el bolsillo y la más vanguardista consola de juegos en el salón, al lado de la televisión de plasma, lejos de la nevera vacía y las cartas de las empresas de impagos.
¿Y cuáles son las razones para que España esté derivando como lo hace?
Leopoldo Abadía en su columna “Desde San Quirico” del diario digital Cotizalia responde a una pregunta que mucho tiene que ver con lo que yo pregunto.
En muchas conferencias, se levanta una señora (esto es pregunta de señoras) y dice esa frase que me a mí me hace tanta gracia: “¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?” Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya está crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir “¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?”
Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: “¡y a mí, ¿qué me importa?!” Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.
Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64.
Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz…y me exigieron mucho.
Pero ¿qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:
1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización
(…)
Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.
Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.
A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales,…Lo que por ahí se llama “buena gente”.
Ahí está, para mí, la clave. La clave es la formación.
Vivimos en un país en el que el sistema educativo cambia con cada cambio de signo del gobierno. Un sistema educativo en el que impera el fracaso escolar. Un sistema educativo que está criando idiotas. Un sistema educativo que no tiene un objetivo que realmente sea para el beneficio de la comunidad sino que está creado sobre los cimientos electoralistas y el ansia de ganar votos.
La autoridad del profesor siempre está cuestionada por los alumnos, por sus familiares y por las instituciones.
Mis dos amigos Encarni y José son profesores ambos. Yo cada vez que les veo, que son menos las veces de lo que me gustaría, disfruto con sus historias, con su amor por dar clase aún navegando en contra de miles de tormentas. Con José, profesor de lenguas clásicas, el ir a cualquier enclave cultural o turístico que tenga que ver con Historia es un no parar de escuchar relatos, puntualizaciones, matices, interpretaciones y multitud de “caramelos” culturales de los que, al menos yo, soy un glotón.
Cuántas historias nos cuentan de chicos conflictivos con padres más conflictivos aún defendidos por las Inspecciones del Ministerio, ministerios ya conflictivos por ende.
Para mí, la razón de todo este problema es la incultura o la falta de una preparación cultural y educativa realmente solvente.
Esa cultura y educación que falta tanto en las universidades. Esas universidades a las que asisten políticos y son abucheados y menospreciados. Está bien que uno tenga opiniones y defienda las suyas o sus ideales pero no es de recibo en un país donde se supone que la democracia está perfectamente instaurada que Carrillo, Díez o Aznar entren a una universidad y sean abucheados. Tan sencillo como asistir y escuchar la conferencia el que quiera y no aparecer por allí el que no lo desee.
Soluciones.
En España las fuerzas políticas, esas que no paran de descalificarse unas a otras, están obligadas a tener realmente un sentimiento de estado. Un sentimiento en el que el bien común prime sobre sus propios intereses porque cuando gobiernan son gobernantes de aquellos que les votaron y también de aquellos que jamás les votarían. Eso es España.
Esa responsabilidad y sentimiento de estado debe hacerles consensuar un sistema educativo estable ante los cambios de signo de un gobierno. Un sistema educativo no sectario y con un tinte europeo.
Un sistema educativo que incluya un año o dos de educación en un país diferente al de residencia por obligación. Eso da mucha cultura. Por mucho que las fiestas de Erasmus sean famosas en el mundo entero, esos intercambios le hacen a un chaval aprender a comprender a los demás, a ser abierto de mente, a ser flexible en sus razonamientos, a aceptar otras culturas desde la experiencia. Ese chaval luego será un adulto bien formado.
Si las fuerzas políticas tienen que unirse y estar debatiendo durante cinco años cuál será el sistema educativo más beneficioso, que así sea. Sólo se habrán invertido cinco años y el beneficio será de generaciones.
Con una sociedad mejor formada no haría falta, por ejemplo, ministerios como el Ministerio de Igualdad. Cualquier persona bien formada entiende que una mujer es un igual y así debe ser tratado, tanto en el trato personal como en el profesional.
La violencia de género se vería reducida también por el mismo principio. El consumo de drogas y alcohol entre los jóvenes no sería tan elevado. Los accidentes de tráfico se verían repercutidos y bajaría la tasa de mortalidad en las carreteras por imprudencias. Cualquier persona bien formada sabe que detrás de una imprudencia se esconde una desgracia. La violencia en los campos de fútbol también entraría en el lote de cosas que mejorarían.
La política creo que también dejaría de ser tan corrupta y estúpida. ¿Por qué lo creo? Lo creo porque una sociedad bien formada no deja que le vengan con gaitas. Una sociedad bien formada es consciente de la importancia del voto, es consciente del poder del castigo electoral, es consciente de la necesidad de varios partidos en coalición antes que la dicotomía derecha-izquierda que abunda en España. Esa misma sociedad es la que no vota porque “hay que votar así” sino que si un partido tiene un buen programa lo apoya y si no lo sigue se le retira el apoyo no por ello pasando a ser un “chaquetero”.
Conclusión.
Mientras en España sigamos sin tener un buen sistema educativo que haga que la sociedad se convierta en una sociedad culta y preparada no habrá solución a nuestros males.
Si seguimos poniendo la atención en aquello que los políticos quieren que la centremos mientras juegan al despiste con nosotros no podremos arreglar los problemas.
Mientras el mundo del famoseo en nombre de la cultura, que nada más lejos de la realidad, siga haciendo campañas para apoyar a tal o cual partido, no tendremos un panorama cultural digno en nuestro país.
Mientras que todo eso ocurra no se pararán de perder en España grandes oportunidades a las que ya estamos acostumbrados a ver cómo los demás las aprovechan con mucho menos potencial del que tenemos aquí.
Saludos / José D.
8 Respuestas hasta el momento
Hola
Interesante tu reflexión, a la que me gustaría añadir mi opinión, la cual espero sea cuanto menos respetada, sino compartida.
Vivimos en una sociedad en la que un joven sin estudios ni preparación previa empieza a trabajar en una empresa de la cual adquiere conocimientos y experiencia. Transcurrido el plazo de “absorción” el empleado se dedica a despotricar sobre su trabajo, responsables y compañeros (le recuerdo el artículo sobre la indumentaria en la oficina en la cual ridiculizaba a quien no se viste a su gusto) y vanagloriarse de lo profesional que es.
Una sociedad en la que uno cree poder decir lo primero que se le pasa por la cabeza sobre cualquier tema y pensar que el humillar a los demás es gratuito. Sí señor JDO, lo que usted hace es faltar a los demás, exponiéndoles en su web para ganarse cuatro aplausos por su supuesto coraje.
Me gustaría que dedicase un solo momento a localizar unos minutos de su trayestoria profesional en la que haya sido modesto, en la que haya podido reconocer que no es usted el mejor de toda la empresa, por no decir la isla. Estoy convencido será ardua labor.
Yo he tenido la experiencia de compartir techo con usted (no diré trabajar ya que para eso debería de haber dejado de redactar sus parrafadas en horario laboral) y me ha parecido indignante poder sentarme a su lado y observar cuan original es a la hora de buscarse entretenimiento para no trabajar. Además de ver como a la vez ridiculizaba a los que sí trabajábamos ya que según su punto de vista es una empresa que no se lo merece.
Le diré algo: hay 4 millones y pico de parados en España y es vergonzoso ver como se ríe de los que intentamos ganarnos el sueldo para pagar la hipoteca.
Usted dice haber encontrado un buen trabajo, estoy seguro de que es cierto, pero en el culo del mundo, sin poder recibir visitas ni de su familia y a costa de que su futura mujer lleve una túnica hasta los pies (que cada palo aguante su vela..)
De corazón le deseo mucha suerte en su nueva trayectoria, que sea una experiencia positiva y que le abra un horizonte de posibilidades. Pero también le advierto de que debiera preocuparse en crecer como persona, aprendiendo lo que la palabras tolerancia, respeto y compañerismo implican.
Dicho esto me despido de su página, y le cedo todos los minutos de gloria que solo escondiéndose detrás de un ordenador sabe ganarse.
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Hola… quien sea. Espero que no le moleste que no pueda llamarle por su nombre al no dejarlo en su comentario. Entiendo que “reflexión sobre uno mismo” no es su nombre. Si así lo fuera no llego a imaginarme cómo puede ser el apellido. Por el email que ha consignado en el comentario y que no se publica no atisbo a deducir su nombre así que no se cómo dirigirme a usted.
Desde luego que en este mi blog, y por ende mi casa, se le respetará cualquier opinión que tenga.
Habiendo leído su misiva sólo puedo deducir que la misma tiene dos objetivos. El primero de ellos es “lanzar un tiro al aire” y probar si había “bemoles” a publicar una crítica tan ácida y llena de rencor acerca de mi persona. La segunda de ellas es que, sabiendo que me reservo el derecho de publicar los comentarios que a mí me de la gana en mi “casa” poderse desahogar en “petit comitee” de todo aquello que uno no es capaz de decir en persona.
He de reconocer que me ha gustado el comentario, bien redactado, soportado sobre lo que parecen verdades universales e irrefutables y con un castellano muy digno. Mi más sincera enhorabuena.
De hecho, me ha gustado tanto que lo he mirado y remirado, leído, desleído, desgajado y hasta subrayado en un papel. Ha sido tal el encanto que le he encontrado que he decidido probar suerte y escribir una réplica con la esperanza de estructurar un mensaje con una línea literaria parecida, discúlpeme si cometo algún error gramatical o me tomo alguna licencia literaria fuera de lugar o modo. Paso a responderle por orden según su crítica:
“Vivimos en una sociedad…” No sé a quién se refiere cuando habla de un joven sin estudios, supongo que se refiere a algo retórico. En mi caso el irme sacando mi carrera universitaria asignatura a asignatura con la edad que tengo, que aunque joven como bien comenta pero ya no es lo mismo que cuando era un chaval, mi trabajo me cuesta, pero, de momento no va mal. No es como para alardear pero algún sobresaliente en lengua inglesa sí me he llevado, los números, en cambio, me cuestan mucho más.
En cuanto a que comienzo a trabajar en una empresa de la cual adquiero conocimientos y experiencias y transcurrido el plazo de “absorción” se refiere a dos épocas muy diferentes dentro de mi vida laboral, la cual no viene mucho a cuento y de la que no le daré explicaciones. Si a “despotricar” de mi trabajo, responsables y compañeros se refiere a criticar abiertamente una mala gestión laboral, pues hombre… no se lo tome así, que uno araña pero no hace sangre. La alusión a algún responsable intermedio acerca de la indumentaria no era ningún artículo sino una opinión personal vertida en el foro de otro blog y al hilo de una serie de conversaciones acerca de un tema que era algo así como la idoneidad de una u otra ropa en uno u otro tipo y lugar de trabajo. Ya que uno hace referencias, de aquí en lo sucesivo, por favor, que no sean sesgadas. Toda frase y en este caso opinión personal sacada de contexto es una buena arma arrojadiza, eso sí, de doble filo. Cuidado no nos cortemos, ninguno de los dos, por el bien común. Acerca de vanagloriarse uno de lo profesional que es entiendo que es su opinión personal, respetable, lejos de la realidad, pero respetable. No se si debiera vanagloriarme de lo profesional que soy, o me creo, pero sí he de agradecer al extenso elenco de grandes profesionales que me han ido formando a lo largo de los años su mimo y tesón en intentar que fuera un profesional. Si lo han conseguido sólo lo dirán los logros al final de mi vida laboral.
“Una sociedad en la que…” Humillar: Abatir el orgullo y altivez de alguien. Herir el amor propio o la dignidad de alguien. Según el DRAE.
Uno cuando opina acerca de cualquier tema puede herir la sensibilidad de alguien involuntariamente. De otro modo me dedicaría a ser tertuliano en alguno de estos programas de tanta audiencia donde se despelleja y vilipendia públicamente al pobre cenutrio o la pobre buscona de turno. No, no arrojo a nadie bajo los caballos, no es esa la intención en ningún momento. Mucho menos buscar aplausos acerca de ningún supuesto coraje. Sobre coraje podríamos departir durante horas si el vino es bueno y el jamón está bien cortado.
“Me gustaría que dedicase…” En este párrafo acerca de mi “trayestoria” demuestra usted que no me conoce, por mucho que, para despiste general, haya querido hacer creer que sí. Si me conociera sabría, y así se lo harán saber algunos de los que leen este blog si quieren seguir con el hilo de comentarios, que nunca he reuhído una disculpa. De hecho, alguno de esos remarcables profesionales que me han formado, y lo que te rondaré morena, me enseñaron eso con especial cuidado. Si a lo profesional nos ceñimos los comienzos en cualquier trabajo son siempre los más humildes, los más temerosos y así han sido siempre, conmigo también.
“Yo he tenido la experiencia…” Casi había picado en esta pequeña trampa de creer que quien escribía era alguien cercano y compañero de trabajo pero leyendo este párrafo se disipó toda duda. Nadie, y le repito, nadie de los compañeros con los que comparto departamento haría nunca algo tan cobarde, vil y descabezado como escribir un mensaje así. No, ellos no, ellos valen mucho más que todo eso. Cuando uno tiene la sonrisa larga debe saber tener la costilla dura. Uno es buen “encajador” que diríamos de Urtáin el gran boxeador y cualquiera de ellos me lo dirían a la cara. No sería la primera vez que alguno o alguna de mis compañeros me pone “las peras al cuarto”. Puede que trabaje usted en mi mismo centro de trabajo, pero jamás a mi lado. Un feo detalle el arrojar a los pies de los caballos a los demás.
De su acusación en ese párrafo sólo le recordaré que en España, un estado de derecho y democrático, existe la presunción de inocencia. Para hacer una acusación así se debe de aportar pruebas, el jugar a que es la palabra de uno contra la del otro no vale, eso es cosa de patio de colegio y ya somos adultos.
“Le diré algo…” ¿Cree que yo me río o me he reído de usted? Hay que ver que mal concepto tiene usted de si mismo. ¡Ánimo! Un poco más de amor propio. En ningún momento me río de nadie excepto de mí mismo muchas veces al día. ¡Soy un caso en muchos aspectos!
“Usted dice haber…” Señor mío, en el culo del mundo… creo que eso es mucho decir. Son dos husos horarios y apenas cuatro o cinco horas de vuelo. Hay muchísimos compañeros que atraviesan un océano para venir a trabajar a España y no creo que se les diga que se van “al culo del mundo”. Lo de la túnica, pues ya ve usted, al final con esto de la Alianza de Civilizaciones y toda la chirigota socialista pues parece ser que no es tan malo adaptarse a unas costumbres ancestrales de ciertos países. Ojalá fuera así aquí en España y todos los de fuera, y alguno de los que son de dentro, se adaptaran a unas costumbres que hemos adoptado entre todos los españoles. Lo de las visitas de mi familia no deja de ser falta de información por su parte ¿en qué cabeza cabe que en un país no te pueda visitar tu propia familia? ¿verdad? Pues allí tampoco. No estaría de más que leyera un poco acerca de ese país y su cultura, yo me he maravillado de ver lo poco que conocía acerca del tema y me sentí de lo más ignorante al descubrir que tenía unos mitos casi idénticos a los suyos.
“De corazón…” Muchas gracias por sus deseos. Yo también lo deseo, será una nueva etapa, que no trayectoria, mi trayectoria no varía, en la que habrá que hacer frente a muchos retos muy interesantes. El significado de la palabra tolerancia casi se lo estoy definiendo publicándole el comentario y respondiéndole tan educadamente. Cosa que, quizás, con otro tipo de persona hoy estaríamos ya leyendo un mal titular en alguna sección de sucesos de cualquier periódico de provincia. El respeto ante todo y la tolerancia, a la vez que el tan bien llamado talante, ha de primar. El respeto, eso es algo que ha de ganarse, no es como el valor en la mili que “se le supone”. Además es algo que no se pide, simplemente se da por hecho. Y acerca del compañerismo podríamos hablar otro buen rato. Una cosa es el compañerismo verdadero, como el que me han demostrado muchos de mis compañeros de los que usted hablaba y quería hacer creer que formaba parte y otra cosa muy diferente es la idea de “compañerismo” que a veces alguien, con unas intenciones muy determinadas, quiere inculcar en algún grupo. Como se suele decir: No nos hagan comulgar con ruedas de molino.
“Dicho esto…” Como en algún momento he dicho, y creo que a usted mismo en otro comentario usando usted otro pseudónimo, aquí en mi blog, mi casa, cualquiera es bienvenido y cuando se marcha es bien despedido.
“Que solo escondiéndose detrás de un ordenador sabe ganarse” La frase es magnífica, viniendo en un comentario anónimo y de alguien que no lo firma ni suscribe. Sabía yo que, al final, me divertiría leyéndole.
Bueno, llegado el final de mi derecho a réplica casi me da pena que aquí se acabe esta amigable discusión. Con lo que he disfrutado leyéndole y lo grato que ha sido escribir una respuesta.
Sólo me queda añadir que no sé qué le induce a imprimir a un comentario una carga tan malsana de rabia, rencor y algún sentimiento que se me escapa. Yo por mi parte no le guardo ningún rencor, no se lo guardo a nadie, no es bueno tener esos sentimientos. Si es cierto que trabajamos en el mismo centro yo seguiré dándole los buenos días como hago con cualquiera de los que allí trabajan, seguiré trayendo galletitas o bizcochos para tratar de amenizar un rato en un trabajo tan duro y con un nivel de estrés tan grande como bien sabe que hago tan a menudo y, como no podría ser de otra manera, seguiré poniendo la cara una y mil veces más para que todo aquel que no comparte mis ideas, no le gustan mis modos o no sienten afinidad por mi persona puedan expresarlo. Si no es desde una conversación entre adultos civilizados que sea desde un comentario anónimo sin firma. No todo el mundo puede decir que en todos los sitios le dejan expresarse así.
Reciba un cordial y afectuoso saludo / José D.
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JOEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE, jajajajajaja, me partooooo, te ha puesto a caer de un burro, pero se ve que destila envidia por todos los poros del escrito.
¿Que te vas la culo del mundo??????? Ahí demuestra que lo que a ***** (no sé que tratamiento darle) le faltan son los cojones para hacerlo…….
Que poco nos gusta ver que no somos el centro del universo para todos los seres humanos que nos rodean. Y más una persona como tú, “sin estudios” que se supone son más fáciles de manejar.
Al final ha pasado lo mejor que les podría pasar TE VAN A PERDER DE VISTA!!!!!!! Creo que deben llevar tantos años pidiéndoselo a tantos Santos y Vírgenes que igual hasta hay que culparle del destino de JK, porque de no haber sucedido esta migración a otros lares tú seguirías ahí trabajando y no sería soportable.
En fin, espero que te sigan escribiendo muchas veces en este tono, yo me lo he pasado en grande!!!!!!!!!!
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Hola Bea,
Me alegra que lo pases bien leyendo estos “rifi-rafes”. Uno tiene que tener bien claro que no siempre se puede caer bien a todo el mundo, ni siquiera a unos cuantos.
Eso sí, las críticas siempre son buenas porque te hacen darte cuenta de algunos aspectos que uno descuida o no tiene “atado”.
Si hay que agradecérselo por sus plegarias… GRACIAS! Ojalá lo hubieran rogado antes, jeje.
Saludos / José D.
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Está claro que no se puede caer bien a todo el mundo, e incluso que a veces podemos equivocarnos.
Pero no reconozco a la persona de la que habla.
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Hola Monique,
Jeje, eso… de quién habla?
Muy fina!
Saludos / José D.
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Como odio que entren en mi casa con los zapatos llenos de barro!!!
Suerte amigo en tu nueva aventura.
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Gracias Tacón Alto!
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