Apr
23
2010
Es curioso, en lo que en mi interior es un suspiro, me he convertido en una persona adulta. ¡Horror! Soy uno de esos señores con bigote y barba, de esos que se colaban entre mis ensoñaciones de párvulo infante en noches en las que se cena mucho y se duerme mal.
Vívido en mi pensar está mi tercer cumpleaños, sin duda alguna, mi tercer cumpleaños. Aunque no sé si este recuerdo lo tengo hospedado en blanco y negro o el señor Technicolor había llamado ya a las puertas de mis memorias.
Había una tarta, con unas perlitas plateadas de azúcar, perlitas con la que jugué a las canicas al no poderme creer que hubiera ese tipo de decoración repostera. Cosas de niños.
Ese cumpleaños estaba presidido por una mesa de capitulación. Sí, tan pequeño y ya teniendo que capitular. El trato era cumplir tres años y deshacerme del chupete con el que había compartido todas esas llantinas de niño tontorrón, llorica y demasiado sensiblero a la sazón.
Apr
01
2010
El otro día volviendo del trabajo, en el coche, iba escuchando la radio. Como eran más o menos las cinco de la tarde había uno de esos programas en los que la conductora, en este caso, del programa tiene un invitado que ha escrito un libro, publicado un ensayo, lanzado un disco a la venta o algo así. Esa clase de programas en los que al invitado se le pregunta acerca de su nuevo trabajo.
En esta ocasión el invitado había escrito un libro, un libro. No me enteré mucho porque iba conduciendo y, claro, no se puede estar a todo.
El caso es que el autor parece ser que es psicólogo y comentaba un tema que me interesó mucho en ese momento. El tema rondaba acerca de la capacidad del ser humano para ser felices.
Su razonamiento venía a ser algo así como que el ser humano, vamos, lo que se viene llamando erróneamente “la persona humana”, ¡qué gran calificativo!, jeje, tiene una capacidad limitada para ser feliz. El ser humano es un animal cuya naturaleza es la de sobrevivir. Su naturaleza es ir de caza para alimentarse, procrear, evitar ser comida de otros depredadores e intentar sobrevivir día a día, poco más.
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