Jan 10 2010

Entre facha y gilipollas.

Publicado por: at 17:09 Categoría General

Es mediodía, hoy tengo asiento de ventanilla en el avión. Me gusta, si el vuelo es mayor de media hora, tener ventanilla si es de día. Si es de noche no me sirve de mucho. El día es claro y puedo ver todos esos campos, los pueblos pequeños, las ciudades y en mi Ipod suena Sarabande de Handel. La sensación es una mezcla entre cariño y melancolía.

Entonces comienzo a recordar otras épocas en mi vida, vienen a mí como salmones que remontan el río, y es que el presente es un río que se va llevando todo poco a poco.

Qué gran país España, una costa maravillosa donde albergar nuestros siempre maltratados turistas. Unos campos donde los hombres, los hombres de verdad, salen de la cama al alba y comienzan su quehacer diario. Con esas manos duras, hartas de haber sobrevivido a inviernos a cual más frío regadas con la urea del provinciano.

Esos pueblos pequeños donde la vida transcurre de la iglesia a la panadería pasando por el chato de vino y la paella del domingo. Esas plazas agrisadas por el paso del tiempo y, a veces, amoratadas por las hostias de cien batallas calladas, acalladas, lejanas, alejadas y, para colmo, casi olvidadas de no ser por nuestro querido Gobierno. Esas plazas donde los ancianos recuerdan tiempos pasados, la vida sencilla pero dura, y cómo no, los últimos cotilleos aparecidos en las ignominiosas revistas que florecen en el quiosco a la espera de que algún alma de cántaro la compre para saber si Menganita se pasó a Fulanito por el arco del triunfo o si Zutanito logró llevar a los tribunales a Periquito por decir que sus chanclas no conjuntaban con el color del bolso de la puta que lo parió.

Recostado en mi butaca, surcando ese cielo azul, regalado de pequeñas nubes, que de algodón tienen lo que yo de monaguillo, pues en cualquier momento se te rebelan y se convierten en bancos grises de nubarrones acechantes. Reíros de las sonrisas bonachonas de un pequeño cabroncete que, a buen seguro, guarda un tirachinas en el bolsillo de su pantalón de los domingos.

Allí tranquilo, con una leve sonrisa me digo: “Me gusta España”

Enseguida me percato de lo facha, fascista, fastizoide, neofacha o cómo carajo lo diga ahora aquellos que despotrican constantemente acerca de la nación.

¡Qué desliz! ¿Cómo he podido decir eso? Rápidamente busco cualquier excusa, la hipoxia debida a la descompresión, las burbujas del refresco de cola — que me hayan taponado algún cauce del buen entendimiento –, el pensar medio adormilado con tan idílico paisaje bajo nuestro fuselaje, no se, cualquiera quiero que me valga. Pero ninguna lo hace.

En otros tiempos, cuando el ímpetu de una recién estrenada juventud corría por mis venas, corrí a apuntarme en la Cruz Roja. Todo porque mi buen amigo David, semejante cabrón con flecos, me había apuntado a un curso de socorrismo para que fuéramos juntos. El caso es que durante años estuvimos dándole a eso de la ambulancia, de voluntario, pero de voluntario de los de verdad. De ésos que utilizaban su tiempo libre para hacer un bien a la comunidad. Y no éstos que hoy en día van tocando las puertas para que sueltes viruta para tal o cual oenegé siendo, todos ellos, asalariados a media jornada, captadores. Tratando por todos los medios de socorrer a esos personajes que aún no controlan bien las matemáticas y no saben que beber y pisar el acelerador es igual a coger el camino más rápido para que la parca te pique el billete.

Pero ahí no quedó la cosa, qué va. Decidido a hacer la mili como cualquier español con un poco de decencia — aunque esa decencia la violaran, amordazaran y pisotearan el mismo día que entrabas al cuartel– me enrolé y después de años y años aún cuento “batallitas” de cuando servía en el SAR, servicio de búsqueda y rescate del Ejército del Aire.

Y la pregunta es más que obvia, ¿por qué?

La pregunta es obvia pero la respuesta no lo es tanto. Todo porque amo a los que me rodean. Nada que ver con el amor fraternal que estos pesados con sotana, que ya ninguno la lleva, nos intentan convencer. Aún recuerdo — cómo no, otra batallita– como cruzando la plaza de armas del CIR Santa Ana en Cáceres me crucé con el cura de la base y con saludo marcial le dije: “Buenas tardes páter”. “Recluta, buenas tardes mi Teniente Coronel” me respondió. Ahí descubrí un poco más de qué pasta estaban hechos estos batmans con cálices y hostias dispuestas en fila india en directa procesión a las bocas de otros a los que engañan como a indios.

Me gustan las personas que pueblan mi país, no todas, claro. Hay demasiado cafre que afea la estampa pero hay aún más personas que merecen ese cariño. Todos esos ancianos con pantuflas y esas ancianas con el pelo de azulete a las puertas de sus casas en los pueblos, viendo la vida pasar. Esos chavales que no levantan dos palmos del suelo y ya ves que se van a dar de cráneo contra la realidad, esa realidad a la que sus padres no les preparan porque no soportan el amargor de borrarles la sonrisa y cambiar el final de todos sus cuentos. Como dijera, creo, el personaje al que encarnaba Javier Bardem en Los lunes al sol: “Es que en este puto cuento nadie te explica por qué unos nacen cigarra y otros hormigas”.

Y mira que, sin embargo, tengo más de uno o de trescientos motivos para mandar a hacer puñetas todo lo que significa este país: Envidias, desinformación, mala política, un mundo laboral repugnante, un presidente de la CEOE que en cualquier país avanzado estaría hoy preso dando explicaciones de por qué ha jodido las navidades a tantas familias, un país cainita deseando apuntar con el dedo a los demás, deseando salir en los programas de la televisión para decir que es amigo de un compañero de un concuñado de alguien que se ha acostado con una cualquiera a la que ni siquiera conocíamos.

Pero bueno, nadie dijo en ningún momento que las familias fueran perfectas, por ende, los países tampoco, pero España es donde he nacido, crecido y, de momento, resido.

Entonces la bandera que en su momento llevé bordada en el brazo izquierdo es hoy la que, según cuatro cabestros, identifica a los fachas y a los hijos de puta. Y no pisaré la charca de que la bandera republicana es más o menos legítima, que esas charcas siempre salpican, pero , de momento, es la que tenemos. Esta es la bandera que representa todo, lo bueno y lo malo de nuestro país. Los atardeceres en Formentera viendo cómo el sol se oculta y cae al mar y los madrugones y carreras para subirse a un tren que, de haberlo perdido, nos haría llegar media hora tarde al trabajo. La sonrisa del quiosquero que cobra el periódico a la vez que comenta contigo el resultado del At. Madrid y el escupitajo del sudamericano que vino buscando su particular El Dorado y se encuentra nuestra resquebrajada España. Cuando haya otra bandera, si refleja lo mismo también la acogeré.

Mientras que otros países, y sin caer en el tópico de mirar a los Estados Unidos, están orgullosos de sus banderas, de ser de donde son, de decirle al mundo que ahí hay otro compatriota esté donde esté, aquí, en esta España de vergüenzas pasadas y sinvergüenzas actuales a los que enseñan una bandera española poco más que se les lincha de pensamiento, muchas veces de obra y, si pudieran, también de omisión.

He paseado por ciudades donde engalanan balcones, el jardín, alguna camiseta, con sus banderas y sonríen cuando la miras y reconoces el país del que se trata.

Pero los fantasmas de una guerra, una guerra en donde hermanos caían de lados opuestos de la trinchera, una guerra donde murieron de uno y otro lado. Con Satanases en ambos lados, donde un rechoncho y paranoico dictador hizo que, hoy en día, llevemos treinta años de retraso con respecto a Europa en todo. El mismo Satanás, pero del lado contrario, que hoy detrás de sus gafas y su eterno pitillo sale abucheado de universidades porque, parece ser, que algunos también recuerdan que a éste tampoco le temblaba el pulso a la hora de firmar sentencias de muerte. Le salva el episodio casi heróico del 23F. Una guerra que no somos capaces de superar y nuestro Gobierno no nos ayuda tampoco a ello.

Recuerdo con mucho cariño y también algo de amargura la última conversación en persona que tuve con mi ya desaparecido abuelo. Joder, qué gran hombre, uno de esos que con una mirada sentaba una cátedra acerca de las buenas maneras y de lo que un hombre tiene que hacer cuando un hombre lo tiene que hacer. Imperfecto como todos nosotros, humano al fin y al cabo y asquerosamente mortal como nos demostró no mucho después. Cuánto te añoro.

Hablábamos de todo un poco, en casa de mi padre, recién recuperado de una operación de corazón donde decidió el buen hombre dormir una semana entera antes de despertarse de la operación, siempre fue de sueño fácil.

Y tocó hablar de política y Don Pepe sacó a relucir su vena republicana, antimonárquica y dedicada en esos tiempos a la política local. Yo no sabía cómo explicarle que, hoy en día, teníamos una sociedad madura, capaz de sobreponerse a los reveses que la Historia nos deparó. Hoy en día no me importa si mi compañero Álex es más hippie que una Volkswagen Caravelle, y aún así le respeto, si mi amiga Frani es más sindicalista que el mismísimo Georges Sorel, porque hablar con ella siempre eriquece, si mi compañero Fulanito es en apariencia más revolucionario que Che Guevara pero a la hora de la verdad es más traidor que Efialtes en las Termópilas. Estoy muy por encima de ello. Que las izquierdas y las derechas hoy en día no sirven nada más que para salir en los periódicos y llevárselo bien calentito porque puestos a robar y a desgajar este país todos son exacta, anodina y rematadamente iguales.

Pero volviendo a lo que me traían estas líneas. En cambio hoy yo no puedo lucir mi enseña, hablar bien de mi país o querer ver la bandera española cada vez que vengo de alguno de mis viajes desde el culo del mundo. Pues lo siento mucho, cuando llego y veo ese trapo que representa mi casa, mi comunidad, mi gente, no me queda más que sonreír y sentirme, por fin, arropado.

Por eso siempre estoy a la misma distancia entre facha por todo esto y gilipollas por no mandar a tomar por el culo a tanto cafre de crítica fácil y estómago agradecido para hacer lo que me salga de vosotros ya sabéis dónde y lucir lo que me dé la gana.

12 Respuestas hasta el momento

12 Respuestas hasta el momento to “Entre facha y gilipollas.”

  1. David says:

    Cabron con flecos???? Ya te pillare….

  2. José D. says:

    Hola David,

    Pues sí, cabrón con flecos, y muy agradecido de ello!

    Saludos / José D.

  3. j f ortiz says:

    A ver como me explico. Lo que llega a ser indignante es la utilizacion historica que de un simbolo,que en tu caso resulta hasta conmovedor; han hecho exclusivamente para enfrentar.

    Cuando las banderas vuelvan a ser la representacion de un conjunto de personas que,independientemente de la geografia,decidan compartir vida obra e ilusiones,quiza entonces y solo entonces me sienta representado por alguna.

    Mientras tanto prefiero verme reflejado en la mirada de mis semejantes,sin altaneria ni falsa modestia.Eso es lo que al final alimenta,la realidad compartida.

    No te olvides de la exaltación repugnante que de las banderas se lleva haciendo a lo largo de la historia,una bandera es lo que son capaces de ser las personas a las que representa,nada mas….y nada menos.

    Besos.

  4. Alejandra Cairoli says:

    Estar orgulloso de tu bandera no es ser facha, es parte de ser patriota.

  5. José D. says:

    Hola,

    Bueno, un discurso un poco “entrenado” me parece. Pero está bien, las opiniones son las que enriquecen el diálogo.

    A mi me representa, tanto la rojigualda (eso sí, importante y absolutamente necesario, con el escudo constitucional, porque sin escudo no es mi bandera), como las siete estrellas blancas sobre rojo carmesí, la Osa Menor, la madrileña. Supongo que son cosas de sentir las raíces.

    Hay ciertas cosas que están ahí y a uno, el que sea, le tiran. No me gusta el flamenco, pero si marcho de España seguro que allá donde fuera llevaría algo de flamenco en mi Ipod. Aunque no se si me llevaría zarzuela, no me imagino lejos de España oyendo las aventuras de Don Hilarión. :)

    Todo ello nos representa, como a nosotros la estrella azul de Ortiz.

    Saludos / José D.

  6. José D. says:

    Hola Ale!

    Jeje, bueno, esto es un poco de historia española, así conoces un poco más (aunque con los años que llevas aquí nada habrá casi que aprender) nuestras “pequeñas” diferencias. :)

    Gracias por leerme!

    Saludos / José D.

  7. Raquel says:

    Tu abuelo tenía razón…. y la Historia no es tan sencilla. No voy a a ponerme a contar batallitas porque aburren a la gente joven!!!!
    Fijate, esto tan sencillo que acabas de exponer, hace unos años te hubiera llevado a la carcel.
    Totalmente de acuerdo con j f Ortiz!!!!
    Saludos

  8. José D. says:

    Hola Raquel,

    Podría haberme llevado a la cárcel, es cierto. Pero eso es parte del pasado y hay que mirar hacia adelante. Claro que mi abuelo tenía razón pero también es cierto que hemos ido pudiendo sobreponernos a la historia y hemos ido dando de lado a los odios fraticidas.

    Sí, el señor JF Ortiz también hila fino. :)

    Saludos / José D.

  9. RAFA says:

    Bueno, bueno, bueno, He de decirte que me leyendo tu articulo me ha recordado muchas cosas, ademas, escribes muy parecido a perez reverte cabronazo, ese aire de patriota en un pais decadente, que le importa una mierda, que moriria por su rey aunque este fuera un imbecil, pero que demonios, es su rey (A mi tambien me gusta el capitan alatriste)
    Me ha gustado, y sabes que yo todavia llevo una bandera roja y gualda a la izquierda, y que demonios, eso me hace gilipollas, pues he de confesar que viendo lo que hay, alguna vez lo he pensado. Ayudar a los demas es cojonudo, sobretodo cuando te lo agradecen, porque alguna vez lo hacen, de verdad.

    A colación con lo de tu pater de caceres, me acuerdo el dia 6 de enero deno se que año que me dijo el jefe, te vas de escolta del abuelo, el de paracuellos, Cuando le recoji y el compañero que llevaba con el mas tiempo, le dijo, santiago, le voy a presentar al compañero nuevo, es rafael, el dijo, “Hola chaval, como se han portado los reyes magos” y pense yo, VALIENTE COMUNISTA.

    Bueno. lo dicho que me ha gustado. Un saludo

  10. José D. says:

    Hola Rafa!

    Gracias por leerme, desde luego. ¡Ojalá escribiera parecido a Don Arturo! Eso es todo un halago. Gracias.

    El pater… menudo era. Bueno, a ese le debiste conocer tú también porque recuerdo que yo fui a ese acuartelamiento poco después que tú. Menudo bar bueno el de aquel sabinómano al lado de “Los Templarios” qué tiempos, ¿eh?.

    Recuerdo que me diste muy buenos consejos para llegar allí y no parecer lo que era realmente, un pardillo. Que si llévate un rollo de papel higiénico, que si un candadito es necesario, jeje.

    Respecto a Don Santiago, pues chico, yo no noto mucha diferencia entre un personaje que firma sentencias de muerte siendo de derechas y otro que firma sentencias de muerte (o que ordena sacas en las cárceles dirección a Paracuellos del Jarama) por muy comunista que sea. La misma putrefacción histórica les corroe.

    Qué bueno Alatriste, ¿verdad? :)

    ¡Sigue leyéndome y gracias!

    Saludos / José D.

  11. Raquel says:

    No te engañes, los odios fratricidas siguen… más que nunca!!!!
    Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón!!!!!
    A pesar del buen rollito, de que TODOS somos démócratas de TODA LA VIDA jejeje algo huele aún a podrido en Dinamarca!
    Y, no creas, no soy pesimista, simplemente realista (de REALIDAD no de REALEZA!!!! OK?)
    Si, ya sé, vosotros los jovenes estaís más al tanto de todo, nosotros los menos jovenes no hemos evolucionado, no sabemos de qué va la cosa!!!! pero si te gusta viajar, date une vueltecita por otros paises europeos y verás la diferencia de mentalidad. No nos queda nada!!!! Y eso no lo arregla ni una bandera porque las banderas o son de todos o son lo que siempre fueron: un trozo de tela para distinguirse en las batallas!!!!

  12. José D. says:

    Hola Raquel,

    Hay que ver!… yo no he dicho que los menos jovenes no hayáis evolucionado. Pero te digo otra cosa, yo pertenezco a una generación del baby boom, por lo tanto de la que más personas hay ahora, he viajado, vaya que si he viajado, y no, no hay que dárselas de socio-progre para decir que las heridas se van cerrando solas. No censuro a nadie por su ideología, de otra manera ya habría cometido un parricidio! (jeje, ese padre siempre con el tema político tan a mano!) es más, de no haber diferentes ideologías no habría color.

    Pero también respeto que tú creas que eso no es así, no te quito la razón pero… tampoco te la doy :)

    Recibe un abrazo!

    Saludos / José D.

Escribe un comentario