Jun 09 2010
España y su envidia.
Sí, es verdad… Cuando tratamos de definir a los españoles siempre sacamos los mismos adjetivos: hospitalarios, simpáticos, alegres, improvisadores, tranquilos…
Pero siempre se obvia uno que a mi me da mucha vergüenza, la envidia. Tampoco se puede decir que España sea un país de envidiosos donde la envidia malsana reine pero somos un país bastante cainita. Yo creo que el mejor ejemplo es cuando un español triunfa en algún campo y se pueden observar las reacciones de los demás españoles. Esto no ocurre en todos los campos. La reacción más palpable se da cuando un español triunfa en los deportes porque el resto de campos como la ciencia, tecnología, política y demás suelen pasar más desapercibidos. En un país donde la publicación con mayor tirada y ventas es un periódico deportivo poco más se puede esperar.
Realmente a nosotros nos da igual que Valentín Fuster sea una eminencia como cardiólogo, pero que trabaja en Estados Unidos, nos da igual que hayamos tenido los mejores reporteros de guerra y que a unos les hayan asesinado desde un tanque en su habitación de hotel, que otros hayan dejado la carrera de reportero para ser escritores y académicos. Nos daba igual que Vicente Ferrer hubiera tenido mil problemas para poder ayudar a niños en la India. Sólo cuando murió nos interesó porque se hicieron programas de televisión al respecto.
En cambio somos capaces de recordar y recitar de carrerilla las alineaciones de los equipos más importantes de fútbol dando igual al país al que nos refiramos. Es triste.
Yo a estos señores de los que os acabo de hablar les tengo envidia, mucha. Envidia sana, muchísima envidia sana. Creo que son magníficos embajadores de valores como la abnegación, la tenacidad y tantos otros que también nos caracterizan como españoles.
Pero la envidia a la que me refería al comienzo no es esta… ¡ojalá así fuera!
Centrémonos en el deporte, que parece que es lo que todos vamos a entender…
Cuando Fernando Alonso se convierte en Campeón del Mundo de F1 yo me alegré, muchísimo. Luego al comentar con unos y con otros resulta que a muchos les parecía un tío antipático, un niño de papá, un elitista. ¿Y qué? es Campeón del Mundo por pilotar un bólido mejor que los demás pilotos que competían, ¿no? Resulta que, en España, importa más si uno tiene una vida social plena, si se enamora de uno o de otro, si se casa o no, si es simpático o si es accesible más que aquello por lo que ha recibido los más altos honores, pilotar un coche a más de 300 kilómetros por hora y ser el mejor de esa temporada. Eso es triste.
Si Paul Gasol en la NBA deja de ser aquel jovencito casi enclenque que jugaba al baloncesto en Barcelona y pasa a ser un armario de dos puertas que se codea con la élite del baloncesto de la liga NBA deja de ser nuestro Paul Gasol para ser el jugador que ya se cree que lo tiene todo y no se acuerda de dónde salió, ¿verdad?
Pues no, Paul Gasol sigue siendo el español que está demostrando que en España hay unos jugadores de baloncesto espectaculares y preparados para asumir cualquier reto que se les ponga por delante y, además, llevarlo a cabo con éxito y yo, yo me siento orgulloso, por muchos intereses catalanistas que haya en despojarle el gentilicio de español para sólo reconocerle por catalán. Los catalanes también son españoles, unos de los mejores, por cierto.
Cuando Rafa Nadal deja de ser número uno del mundo en tenis todo el mundo sale con el típico: “Ya se veía venir, no se puede ganar siempre y ahora que las lesiones le están impidiendo jugar se quedará en nada, total, es un niño que ya le vale una cura de humildad”.
Pues no, no y mil veces no. Rafa Nadal es un jugador español, mallorquín, que juega a un altísimo nivel y por ello el cuerpo le pasa facturas que nos nos pasa al resto de los comunes. Es un jugador que, igual que cuando Fernando Alonso ha tenido que luchar con uñas y dientes por un octavo puesto en vez de tirar la toalla, ha tenido que jugar tratando de reponerse de sus lesiones y de volver al nivel que le pueda dar el número uno de nuevo. Y lo ha conseguido.
Lo mismo podríamos decir de los motociclistas, la selección española de fútbol y tantos otros casos más.
Pues sabedlo… yo me siento orgulloso de todos esos españoles que son la élite mundial en cualquier campo u oficio. Me siento orgulloso de que sean embajadores de nuestra identidad, nuestras costumbres, nuestra manera de ser. Para mí son ejemplos a seguir, ejemplos de abnegación, de superación. Cualquier comentario ofensivo y de descrédito sólo hace mostrar la frustración y la envidia malsana de todos aquellos que las lanzan.
Si un español es un gran médico, un gran cooperante, un gran administrador, empresario, arquitecto, mozo de carga, almacenero, deportista, político (bueno, con estos no hay tantos casos loables), o cualquier otro ejemplo no deja de ser un motivo de júbilo para el resto de los compatriotas. Deberíamos aprender de otros países que disfrutan de los suyos, de sus victorias, de sus retos en vez de cuestionarlos una y otra vez.
Es una pena que al ser español no se me pegue nada de ellos por el simple hecho de ser español.
Saludos / José D.
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